Nuestra Historia: “De la Lucha por la Tierra a nuestros derechos como mujeres”
FNLS.
Coloquio Feminista en San Cristóbal de Las Casas, Chis.
Convocado por la organización de Mafaldas.
Yolanda Castro Apreza
“Tengo 90 años, hemos luchado por las tierras, yo
recuerdo que con un kilo de harina les daba de comer
a mis nueve hijos, comían dos tortillas o dos y media
con sal o con chile. En el 2006, a mis 89 años caí a la cárcel
otra vez, me acusaron de tumbar el puente y de subirme a los postes,
me llevaron a Pátzcuaro; ahí nos daban de comer un caldo que
parecía lodo porque le revolvían toda la comida que sobraba de un
día anterior, era una cochinada, tomábamos café y pan nada más”.
Eustreberta Trejo Camargo
Michoacán, FNLS
La participación política de las mujeres que militamos en el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS), se remonta a la década de los setentas; en aquellos años nos encontrábamos, como ahora, en distintas organizaciones populares: sindicales, campesinas, indígenas, estudiantiles, obreras, así como en colonias urbanas. Estos espacios políticos mixtos, asumieron como concepción de vida impulsar la organización y la lucha por el socialismo; entendido éste como una transformación radical de las relaciones humanas, un modelo alternativo de sociedad, que conlleva hasta la fecha una crítica al llamado “socialismo real”, reconocer los errores, analizarlos e ir con nuestra propia práctica y teoría alimentando este ideal socialista en nuestro país.
En esta década de los setentas, a partir de la llamada “guerra sucia” en nuestro país, se conformó el Movimiento Democrático Independiente (MDI), donde se agruparon aquellas organizaciones de izquierda marxistas leninistas, y que impulsaban la lucha por el socialismo. De esta etapa de lucha popular surgen liderazgos importantes representados por mujeres, de las cuales poco se sabe y que, por ello mismo, es indispensable visibilizarlas a más de treinta años de lucha. Entre ellas se encuentra Josefina Martínez, quien fue fundadora del Comité Nacional Independiente Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos (CNI), fundado en Oaxaca en 1971 a partir de la represión al movimiento estudiantil en la Universidad Autónoma de Oaxaca “Benito Juárez”, de la cual su compañero era el Rector; el Dr. Felipe Martínez Soriano. Es importante ubicar esta década porque producto del movimiento popular y de la lucha de varias mujeres surgió el movimiento de derechos humanos. A finales de los setentas apareció en escena el Comité Eureka, encabezado por la actual Senadora Rosario Ibarra de Piedra, estos dos Comités fueron de los primeros espacios nacionales que se constituyeron en la defensa de los derechos humanos. Posteriormente, México, a través del CNI, forma parte de la Federación Latinoamericana de Asociaciones de Familiares detenidos-desaparecidos, fundada en 1981, en la Ciudad de San José Costa Rica.
Esta Federación en México tiene su antecedente en el Comité Independiente de Chihuahua (CICH), fundado por Judith Galarza Campos, quien también formó parte del MDI, e hizo invaluables aportes por la defensa de presos, presas, desaparecidas y desaparecidos en nuestro país. Judith se va a destacar por la lucha incansable de la presentación con vida de su hermana Leticia Galarza Campos, detenida-desaparecida el 5 de enero de 1978, quien formaba parte de la “Liga 23 de Septiembre”. Y a partir de este momento se incorpora al CNI, ya en 1996 éste se transforma en la Asociación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFADEM) . A principios de los ochenta se constituye la Liga Mexicana en Defensa de los Derechos Humanos (LIMEDDH), ésta surge en el contexto de la represión en la Huasteca Hidalguense , quienes a finales de los setenta contaban con más de 100 presos políticos. Esta agrupación, es impulsada entre otras personas por la periodista Laura Bolaños.
En estas décadas transcurridas, el feminismo en México se hizo presente, y, mientras este movimiento político planteaba que: “lo personal es político”, la mayor parte de las mujeres líderes de movimientos populares se insertaba en luchas campesinas, estudiantiles, indígenas, tanto en la lucha legal como en la ilegal. En el campo, emergían organizaciones mixtas donde las mujeres ocupaban un lugar central, la demanda era la lucha por la tierra. Estos años dejaron saldos personales y colectivos fuertes en las mujeres; vivieron la llamada “guerra sucia”, que dejó a cientos de personas desaparecidas entre ellas hasta la fecha se encuentran aproximadamente más de ciento cincuenta mujeres de casos registrados por una lista de la Fiscalía Especial para los movimientos sociales y políticos del pasado.
Hasta la fecha poco se sabe para el caso de mujeres que optaron por la vía armada en nuestro país, de sus reflexiones personales y colectivas dadas en ese momento. Constituye un avance y aporte importantes las reuniones nacionales que han hecho mujeres exguerrilleras, de lo que ya encontramos textos importantes (como la memoria editada hace un par de meses de este evento); así como las cartas públicas de Emilia Contreras Rodríguez, madre de los Hermanos Cerezo. Una mujer luchadora incansable, perseguida al igual que su compañero e hijos por el gobierno de Fox y Calderón; quien en el contenido de varias de sus misivas encontramos elementos de análisis político nacional, la concepción de su maternidad, su convicción política por la transformación de este sistema Capitalista y su búsqueda por la defensa de los derechos humanos.
Es fundamental escuchar estas y otras voces, ya que representa la posibilidad de escribir la historia desde nosotras mismas, contextualizar en su justa medida la lucha que hemos dado las mujeres en distintos espacios, así como la importancia de nuestra participación en la lucha de clases a través de la historia del país. Por el aporte que dieron en la defensa de los derechos humanos, si bien es cierto que éste no fue con un enfoque de género, gran parte del movimiento de derechos humanos surgió desde estos movimientos campesinos, estudiantiles, obreros, urbanos, es decir, la represión en aquellos años dio pauta en su momento a la creación de Comités de lucha por la liberación de presos y presas políticas y la presentación con vida de personas desaparecidas. En este movimiento, fueron y siguen siendo mujeres las que dirigen estas demandas, fenómeno que se ha dado en toda América Latina.
Varias de nuestras compañeras dan cuenta de ello a partir de sus testimonios de vida, y del horizonte que se les abrió a partir de irse adentrando en las herramientas del marco nacional e internacional de los derechos humanos. Pero también todo lo que transformó sus vidas personales el dar el paso de lo privado a lo público.
A finales de la década de los setentas, en la región de la Huasteca que comprende los estados de Hidalgo, Veracruz y San Luís Potosí, la periodista Laura Bolaños -quien escribía en el periódico “El Universal”- daba cuenta de la participación de las mujeres en las decisiones colectivas que se tomaban para buscar solución a sus problemas agrarios; en entrevistas hechas en campo, las mujeres de la Organización Independiente de Pueblos Unidos de la Huasteca (OIPUH), hoy Frente Democrático Oriental de México, “Emiliano Zapata” (FDOMEZ), comentaban sobre el “machismo” existente en sus comunidades; y de cómo a partir de reglamentar el no consumo de alcohol a ellas y a la familia en particular les había beneficiado . En esa época pudo recoger testimonios de la represión en esta región; militarización, desaparición de personas, y junto a Rosario Ibarra y otras iniciarían la larga lucha por la defensa de los derechos humanos.
Este escenario de despojo y militarización se daba en varios estados del país, tales como Guerrero, Oaxaca, Puebla, Estado de México, Michoacán, Chiapas. Nuestras compañeras cuentan historias relacionadas a estos momentos difíciles.
Un largo andar, lleno de historias y testimonios personales de mujeres que fueron presas políticas, de estudiantes que se sumaron a los movimientos y conocieron otras realidades en el campo mexicano, en la fábrica, en el ir y venir de reuniones, de llegar a sus hogares y sostenerlo, militantes activas, fuertes, algunas lograron sobrevivir a la represión, otras están ausentes, y de otras nunca se supo dónde quedaron sus cuerpos, qué pasó con ellas.
De esto y más hoy las mujeres del FNLS en nuestros encuentros y reuniones nacionales vamos aprendiendo, reflexionando, estudiando, analizando y nuevas generaciones dan giros a esta lucha desde nosotras mismas; para traducir los paisajes de la cotidianidad familiar, privada, íntima, de militancia, la ausencia de una conciencia clara de la emergencia por el respeto a nuestros derechos como mujeres. Un esfuerzo de traducir una necesidad de las mujeres en demanda política, y en ese diálogo abierto entre los grupos van surgiendo valores humanos que dibujan y alimentan la concepción del socialismo que queremos desde las mujeres.
Un proceso de desarrollo organizativo desigual, porque sabemos que hay elementos, condiciones concretas de la situación nacional que van impactando de manera distinta en la vida de las mujeres. Por ejemplo, en el estado de Michoacán más del 50% de la militancia del FNLS son mujeres, y este lugar ha sufrido los flujos migratorios desde hace décadas. Lo cual ha provocado una dinámica interna en la organización en cuanto a transformaciones culturales, concepciones, prácticas. Aquí se da una participación activa de mujeres del nivel de educación indígena, ellas tienen un lugar en el movimiento magisterial pero varias se han organizado y de manera paralela trabajan al lado de otras mujeres indígenas de las comunidades del estado. El tener la misma lengua, y el manejo del español les ha permitido emprender procesos organizativos como la lucha por el derecho a la salud a mujeres. En esta parte, han logrado contar con un grupo amplio de compañeras de base indígenas y campesinas que pueden entrar y salir de hospitales públicos, sin ningún problema, así como canalizar a personas con problemas graves de salud y obtener esta atención gratuitamente. Hoy desde ellas se está iniciando una reflexión nacional desde las mujeres del FNLS para elaborar una propuesta de la concepción de la salud desde nosotras mismas. Otras más están en comisiones intentando construir un proyecto de educación; sin duda alguna la presencia de mujeres del movimiento magisterial es valiosa y determinante.
Son tres los ejes de lucha que por el momento estamos trabajando; salud, educación y derechos humanos-derechos de las mujeres. Los debates internos sobre el feminismo, patriarcado y género han sido intensos, nada fáciles, porque reconocemos que durante varias décadas ni mujeres ni mucho menos hombres habían incluido estos temas en las escuelas de formación política que tenemos. Fue hasta la constitución del FNLS, donde en reuniones nacionales, visitas de intercambio entre mujeres, el escuchar los testimonios de las mujeres presas políticas, las viudas de Aguas Blancas, los relatos de mujeres y hombres familiares de desaparecidos y desaparecidas, esto y más fue lo que paulatinamente fue dando pauta para ir socializando nuestras elaboraciones teóricas y prácticas sobre las relaciones de género al interior de cada colectivo, de cada organización campesina, indígena o magisterial, en el ámbito privado además del público.
En medio de debates y análisis entre mujeres y hombres del FNLS, se abordó el tema de la diversidad sexual, del derecho al aborto, y por supuesto no ha sido nada fácil. Hoy, tenemos claro las mujeres que no basta sólo hablar de la transformación radical del sistema Capitalista si no se transforman las relaciones de poder, que el Patriarcardo es anterior al Capitalismo y que no será posible ninguna transformación radical de la sociedad si la violencia sigue presente en los ámbitos más privados e íntimos de la vida de las mujeres.
No por esta última afirmación pensamos que la lucha contra el Patriarcado debe estar aislada o independiente de la lucha contra el capital. Queremos dar pasos paralelos contra toda explotación, opresión y subordinación de las mujeres, un esfuerzo por intentar socializar las tareas tradicionalmente vistas como responsabilidades de las mujeres, buscamos construir una lucha antipatriarcal, anticapitalista y antiimperialista. Podemos ubicar que en esta nueva división del trabajo internacional el motor está en la fuerza de trabajo y concretamente en las mujeres, y de ello cobra cuenta las condiciones laborales en las que se encuentran las mujeres inmigrantes a nivel mundial.
Buscamos romper el silencio añejo, donde lo central era la lucha de clases, hoy, por primera vez para muchas de nuestras compañeras, hemos logrado encontrarnos, mirarnos y escucharnos, conocer cómo se ha dado nuestra participación política al interior de nuestras organizaciones, cuáles son las experiencias de trabajo productivo, seleccionar temas de nuestro interés para incorporarlas en las escuelas de formación política tanto estatales como nacionales. Así asumimos el respeto a todas las formas de lucha que incluye aquellas luchas desde diferentes espacios políticos de mujeres, donde la clase, la etnia y el género sean asumidos. Por ello no queremos perder la capacidad crítica y autocrítica al interior del FNLS, hay consenso entre nosotras de que es necesario reconstruir nuestra historia, y dentro de ella estudiar detenidamente los aportes del movimiento feminista, de las mujeres socialistas en el mundo, de ubicar la validez de varios de sus planteamientos una tarea constante para lograr la unidad real entre feminismo y socialismo.
Nuestra experiencia de décadas de lucha por la defensa de los derechos humanos y de las mujeres, nos enseña que en la primera hay también una lucha de clases y en la segunda lo mismo. Es cierto que la incorporación de la perspectiva de género da un giro importante a nuestro análisis y por supuesto la étnica.
Para nosotras el socialismo implica un humanismo radical, reivindica una vida digna, el amor, la solidaridad, la justicia y la libertad. Este fundamento teórico y práctico está presente en el feminismo y la lucha antipatriarcal; consideramos que es posible otro modelo de sociedad, seguimos soñando con ello y sabemos que nos enfrentamos no sólo al terrorismo de Estado, a la criminalización de la protesta social, a la violación del derecho a la vida como son las desapariciones forzadas, incluyendo los feminicidios, a la crisis alimentaria, al deterioro del medio ambiente, en fin, sino también a la violencia y relaciones de poder en nuestros propios espacios políticos. Por ello nuestra alerta constante de no perdernos sólo en la división y fragmentación de los movimientos de mujeres o la separación entre feministas y socialistas, o yo soy de este proyecto político de izquierda y tú de otro más radical. Buscamos la construcción de alianzas y sobre todo el reconocernos en las otras, en no perder nuestra capacidad y voluntad de acción para unirnos en luchas necesarias y emergentes independientemente del Proyecto Político de izquierda donde estemos o del feminismo que asumimos.
El feminismo y el socialismo significan una concepción y un compromiso filosófico y político que reivindican otras formas de relaciones humanas, sin lógicas de poder, que nos discriminen, excluyan, opriman y exploten.
Gracias.
San Cristóbal de Las Casas, Chis., a 22 de junio de 2008
Exposición del Movimiento de Derechos Humanos por Judith Galarza Campos. México, 2008.
Memoria de la Lucha del Frente Democrático Oriental “Emiliano Zapata” (Fdomez). 2006